Monster: The Lizzie Borden Story — Estilo sobre sustancia
El drama de crímenes reales de Netflix tiene un elenco excelente y un estilo audaz. Pero ¿aguanta el guión de Ian Brennan? No del todo.
Monster: The Lizzie Borden Story llegó a Netflix esta semana. La serie es la última entrega de la antología Monster de Ryan Murphy e Ian Brennan. Cuenta la historia de Lizzie Borden — la mujer estadounidense del siglo XIX acusada de matar a sus padres con un hacha. Brennan es guionista y productor ejecutivo. El timing es notable: los medios queer se dividen desde el estreno.
¿De qué trata esta serie?
La serie se sitúa en Fall River, Massachusetts, en 1892. Lizzie Borden vive bajo el control estricto de su padre. Lucha contra los límites impuestos a las mujeres de su época. La serie presenta su historia como parcialmente queer. La relación de Lizzie con la criada Bridget Sullivan es central. La premisa es cautivadora. Una mujer reprimida en una casa sofocante — y un posible amor prohibido. En teoría, funciona.
El elenco es sólido. Carrie Preston interpreta a Lizzie con intensidad tranquila. Niecy Nash-Betts aparece como figura importante. El diseño de producción es lujoso y detallado. El director Paris Barclay dirige varios episodios con confianza visual clara.
Qué funciona
Preston es la razón principal para ver. Interpreta a Lizzie como controlada, observadora y furiosamente callada. Es una actuación cuidadosa. Nash-Betts aporta calidez y peso a cada escena. Los dos actores tienen química real. Cuando la trama queer respira, la serie encuentra algo genuino. Los trajes y decorados son excelentes. La serie parece cara y reflexiva. La dirección de Barclay da un tono claustrofóbico, casi gótico. Esa atmósfera se ajusta bien al material.
La línea queer se maneja con más contención que esperarías. No es melodrama por sí solo. La relación entre Lizzie y Bridget se siente real. Eso es un logro genuino.
Qué no funciona
El guión es el problema. La escritura de Brennan oscila entre afilada y torpe. La serie intenta hacer demasiado. Quiere ser declaración feminista, historia queer y thriller criminal simultáneamente. Nunca se compromete completamente con nada. Algunos diálogos son demasiado explícitos y rompen la inmersión. Los personajes a veces explican sus sentimientos en lugar de mostrarlos. Eso es un problema técnico básico.
Autostraddle lo aclaró esta semana: la serie debería haber cortado todo excepto lo gay. Es un poco brusco. Pero hay verdad en ello. Los elementos no queer a menudo parecen apresurados o subdesarrollados. El ritmo se ralentiza en episodios medios. Las ambiciones ocasionalmente rayan en la autoimportancia.
Esto no es la obra maestra feminista que sugiere el marketing. Es una bolsa mixta con una gran actuación protagónica y un guión desigual. Esa brecha es frustrante porque había todas las piezas para algo mejor.
¿Para quién es esto?
Mírala si te gusta el drama de época de combustión lenta con toques queer. Mírala si disfrutas de Carrie Preston y quieres verla llevar una serie. También vale la pena si eres curioso sobre cómo la televisión convencional aborda figuras históricas queer. Para fans de la antología Monster que amaron Dahmer o Monsters — ajusta expectativas. Es la entrega menos consistente hasta ahora.
Si prefieres televisión queer más ajustada y divertida, Special de Ryan O'Connell es mejor uso de tiempo. Para una serie que equilibra narrativa queer y drama de género exitosamente, Élite en Netflix sigue siendo una referencia alta.
Monster: The Lizzie Borden Story vale la pena solo por Preston. Pero no es la serie que quiere ser. Brennan tenía una premisa sólida y un elenco talentoso. El guión necesitaba otra revisión. El resultado es una serie que insinúa algo excelente sin alcanzarlo completamente.
